NEWSLETTER Nº 7

Las tecnologías sensitivas

Ing. Alberto A. J. Prieto

Planteado el por qué del interés del tema a abordar, vale explicar que el término Tecnologías Sensitivas o de uso Dual (es decir para uso pacífico o militar) es un concepto abarcativo, que incluye no sólo a las tradicionales versiones de Armas de Destrucción Masiva (reconocidas en el campo nuclear, químico, biológico y misilístico) sino un sinnúmero de conocimientos y otros recursos que aparentemente podrían no ser considerados a priori elementos de riesgo por sí mismos; pero en un marco específico, pueden tomar otra valoración acorde al actor y los emprendimientos que tiene en proyecto o en vías de ejecución (tal el caso de ciertas computadoras de alta velocidad y capacidad, como caños sin costura, determinados minerales o tierras raras, topadoras y perforadoras, etc.).

Durante la Guerra Fría, Occidente en general y la Alianza Atlántica en especial, habían montado una organización en el año 1949, llamada COCOM ( " C omité de Coordinación para el C Ontrol Multilateral de Exportaciones " ) , para regular y restringir (sino impedir) la transferencia tecnológica hacia el bloque comunista; pero desmembrado este, tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la firma de la Carta de París de 1990 por parte del Premier Mihail Gorbachov, formalizando la disolución del Pacto de Varsovia y la atomización de la otrora URSS, el COCOM en un principio perdió su razón de existir y de hecho fue casi desarticulado, al menos formalmente … si bien es lícito presumir, que está operando una nueva versión del mismo, adecuada a nuevos blancos y protagonistas. Al respecto podría asimilarse el “Acuerdo de Wassenaar”.

Si algo signó a la década de los noventa fue precisamente la progresiva Globalización, producto de la revolución de la cibernética, la tecnología satelital y de la teleinformática, que transformaron la utopía de la Aldea Global en una realidad virtual. Con aportes innumerables merced a la Globalización para el mejoramiento de la Humanidad, al abrir la posibilidad al conocimiento, al saber, al acercar a los pueblos mediante el uso masivo de INTERNET y sus múltiples sistemas análogos aun hoy en servicio.

Revolución científica-tecnológica que permitió a la Escuela de Expectativas Racionales de Chicago hacer operativas sus macropolíticas economicistas, implementando en casi todo el Tercer Mundo y aun en algunos países del Hemisferio Norte -en diverso grado e intensidad- sus modelos de Libre Mercado. Último hecho que suele confundírselo al hablar de la Globalización, tratándolo como sinónimo cuando no lo es.

Mientras la Globalización ha permitido y permite acercar a los pueblos, comunicarse, intercambiar conocimientos y el saber, dialogar, informarse e informar, instruir hasta en los rincones más alejados del mundo, avanzar en meteorología, coadyuvar a los descubrimientos en medicina, biología, en ingeniería y un sinfín de actividades; la macropolítica economicista neoliberal ha traído marginación, pobreza y miseria donde esta fue aplicada, desechando a amplias franjas de la otrora clase trabajadora y productiva, a la desocupación y la marginalidad, producto de la alta concentración de la riqueza y de la inequidad social.

En síntesis, las Tecnologías son como jeringas … pueden salvar vidas o destruirlas … acorde a cómo y para qué se las use. Y ello depende en general de los factores de poder, tanto formales como no institucionales.

Es necesario hacer esta aclaración, porque por medio de INTERNET, además de los casos citados, se puede -por ejemplo- coordinar internacionalmente un operativo de donación de órganos para un trasplante y salvar una vida; pero también se pueden, transferir electrónicamente los fondos necesarios para solventar un ataque terrorista, o bien comprar en forma ilícita drogas y armas, cuando no lavar activos de dudoso origen. Estas como otras operaciones ilegales, pueden ser ejecutadas tanto por gobiernos de Estado, funcionarios de su estructura, como también por actores privados e irregulares, entiéndase por estos a elementos terroristas o del crimen organizado.

Originalmente las preocupaciones que llevaron a poner en la Agenda Internacional el tema de las Tecnologías Sensitivas o Duales, se fundaba en buscar la forma de contener y en la medida de lo posible reducir, la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva, partiendo de la premisa de que cuantos más países dispusieran de dicho armamento sofisticado y altamente destructivo, más riesgo de una hecatombe correría el orbe.

Si bien esta preocupación subsiste, como lo trataremos más adelante, la inquietud se ha expandido a otros actores y ámbitos, para colmo en general desregulados, como son los contenidos que se pueden acceder por INTERNET, desde cómo armar una bomba casera, qué es necesario contar para montarla y dónde conseguir los elementos necesarios; o dónde y cómo conseguir armas o equipamiento bélico.

Esta información en manos de terroristas y aun de elementos del crimen organizado, vienen potenciando su capacidad de fuego y acción. La que sumada a la flexibilización sino relajamiento de las Medidas de Seguridad internas como fronterizas de los estados (en particular en el Hemisferio Sur), a raíz de la necesidad de facilitar el flujo de divisas, mercancías y personas, propendiendo a la mentada Libertad de Mercados, habría facilitado –en los términos de Sherman Kent- que estos nuevos actores y protagonistas no institucionales, incrementaran su estatura estratégica, potenciándose y expandiéndose por doquier, en detrimento de las sociedades nacionales.

Proliferación de Armas de Destrucción Masiva

Contenido y Límites del Concepto

En los últimos tiempos, ha cobrado relevancia como amenaza transnacional la proliferación de Armas de Destrucción Masiva (ADM), entendiendo al fenómeno, tal cual lo hace Gregory Schulte: armas nucleares, biológicas o químicas, lanzables tanto por medios tradicionales (artillería, aviación o misiles) como implantables en forma encubierta.

Sin embargo, esta jerarquización estuvo acompañada por el otorgamiento de un alcance limitado al concepto proliferación.

Teóricamente, la proliferación puede ser horizontal cuando crece el número de poseedores, vertical cuando quienes ya cuentan con ellas elevan su cantidad o capacidad letal y geográfica cuando estos últimos las colocan en ámbitos territoriales que les son ajenos.

Desde este punto de vista, puede señalarse una primera característica de la proliferación de ADM, en tanto amenaza de importancia en la post Guerra Fría: es la proliferación de tipo horizontal (o "difusión") la que en mayor medida se constituye en un problema internacional, debido a su probable posesión por Estados políticamente inestables y con propensión al uso de la fuerza, o por los llamados "Estados bandidos" ("Rogue States"´), actores no estatales con escaso respeto por las reglas del sistema internacional, con lo cual los riesgos de empleo se multiplican en relación con la Guerra Fría.

Este es el fantasma de las “loose nukes”, las bombas fuera de control, que tanto intranquiliza a las principales potencias del mundo.

Una segunda característica distintiva de esta amenaza es ser aquella frente a la cual en mayor medida la respuesta de los Estados adoptó la forma de “Regímenes”, un tipo de actor del escenario internacional sobre el cual conviene efectuar un breve comentario.

Los regímenes son, en su forma básica, mecanismos de regulación de las actividades de los gobiernos, compuestos de complejos grupos de reglas e instituciones, mutuamente aceptados por aquellos.

Conviene señalar que, en el campo de las armas de destrucción masiva, los regímenes existentes son de "no proliferación", un concepto de alcances diferentes al de "contraproliferación". La disquisición que hace el especialista Lewis Dunn, vicepresidente de Science Applications International Corporation (SAIC), indica que "no proliferación" es un enfoque concentrado en controles de armas, control de exportaciones y actividades diplomáticas (caso de Argentina y Brasil con ABACC); la "contraproliferación", en tanto apunta a iniciativas (predominantemente militares) para disuadir o neutralizar el empleo hostil de armas de destrucción masiva (casos de Irán y Corea del Norte).

Se observa la vigencia simultánea de cuatro regímenes de no proliferación principales, a saber :

  • El Tratado de No Proliferación “TNP” en el ámbito nuclear (donde la Argentina es miembro)
  • La Convención de Armas Químicas (CWC) (la Argentina es miembro fundador)
  • La Convención de Armas Biológicas (BWC) (donde la Argentina es miembro fundador) y
  • El Régimen de Control de Tecnología Misilística (MTCR) (donde la Argentina es miembro)

Cada uno de ellos tiene características particulares, en función de su inclusividad y carácter discriminatorio o no; su transparencia y la existencia de mecanismos de verificación; su manejo; su capacidad de imponer sanciones y accesoriamente, su respaldo por regímenes de control de exportaciones.

En lo inherente a las Armas Nucleares :

Por su indiscutible protagonismo durante la Guerra Fría, el armamento de destrucción masiva más difundido fue el nuclear y teóricamente el TNP, régimen internacional abierto a la firma en 1968, debe abocarse a la eliminación de la amenaza que la gran mayoría de los analistas percibe en la proliferación horizontal. En materia de control de exportaciones se complementa con otro régimen, el llamado Grupo de Proveedores Nucleares (NSG) formado por 1974 e integrado por casi una treintena de países, entre ellos los EEUU, Gran Bretaña, Francia y Rusia (antes la URSS) que integra también la Argentina. Sus miembros se comprometen a no exportar material nuclear sin el aval previo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) y conforman una lista de determinadas tecnologías específicas que sólo pueden ser vendidas si el comprador brinda garantías concretas sobre su uso final y se compromete a aceptar verificaciones.

El accionar del Tratado se basa en un postulado central : que ningún Estado necesita ni debe proliferar para mejorar su seguridad, dado que la misma estará garantizada por el Consejo de Seguridad de la ONU, a través de una doble vía constituida por dos “garantías” :

  • GARANTIA de SEGURIDAD POSITIVA” : compromiso de los miembros nucleares del citado Consejo en comunicar inmediatamente a ese foro toda agresión o amenaza de agresión con armas atómicas a un miembro no nuclear del TNP, a efectos que la ONU pueda tomar cartas en el asunto.
  • GARANTIA de SEGURIDAD NEGATIVA” : los miembros nucleares del Consejo de Seguridad de la ONU, se comprometen a no emplear su armamento atómico, contra estados no nucleares que integren el régimen, excepto en caso de respuesta a agresiones armadas de estos últimos, en los cuales se hallen aliados a actores estatales nucleares.

En lo inherente a las Armas Químicas :

Aunque menos difundidas que las nucleares, representan una amenaza de similar jerarquía, máxime teniendo en cuenta tres factores :

  • El número de proliferadores reales o potenciales en este campo sería mucho mayor que en el caso nuclear.
  • El recurso y uso de este tipo de armas goza de mayores antecedentes que el nuclear.
  • La fabricación de este tipo de armas por lo general emplea equipos e insumos utilizados para fines civiles, de fácil adquisición y mimetización.

Mientras sólo una vez se utilizaron armas nucleares, desde la Primer Guerra Mundial habría habido no menos de cinco episodios en que se habrían empleado armas químicas, aun reduciendo el alcance de este concepto a su mínima expresión, es decir eximiendo de la categoría a aquellas que no están concebidas para matar o incapacitar al enemigo (como por ejemplo los defoliantes). Nos referimos a los conflictos entre Italia-Etiopía (1935-1936); China-Japón (1937-1945); Egipto-Yemen (1963-1967); URSS-Afganistán (1979-1988); Irán-Irak (1980-1988).

El uso de las de armas químicas en los conflictos precitados pone en evidencia el fracaso del primer tratado conocido como el Protocolo de Ginebra del 17 de junio de 1925 que entró en vigencia el 08FEB28.

A efectos de subsanar las deficiencias del Protocolo de Ginebra y en particular tras la experiencia bélica entre Irán e Irak se constituyó en el año 1992 la Convención de Armas Químicas (CWC) que extendió las prohibiciones originales de empleo de estas armas, a su desarrollo, fabricación y almacenamiento.

Este nuevo régimen cuenta con su propia lista de substancias y equipamientos de transferencia prohibida, en base a información brindada por equipos técnicos ad hoc; no prevé aun claras medidas de verificación aunque sí contempla la aplicación de fuertes sanciones a quienes violan sus normas. En materia de control de exportaciones la CWC se complementa con el llamado Grupo Australia, conformado por más de 30 países (entre ellos la Argentina) más la UE.

En lo inherente a las Armas Biológicas :

Constituyen un peligro mayor a las armas químicas, que pueden ser definidas como : “el uso deliberado de enfermedades para atacar y afectar la fuerza militar y/o población, cultivos y ganado de un enemigo”.

Más allá de su letalidad, las armas biológicas comparten con las químicas una característica común : su fabricación generalmente emplea equipos e ingredientes usados para fines civiles; inclusive en un mismo recipiente se pueden realizar los cultivos de gérmenes destinados a la industria farmacéutica y a las armas biológicas. Contrario sensu, tres elementos marcan una clara diferencia entre las armas químicas y biológicas :

  • Mientras las primeras están constituidas por agentes químicos inertes, externos al ser humano, las segundas son organismos vivos que ingresan al cuerpo humano.
  • Las primeras operan desde afuera, mientras las segundas lo hacen desde adentro.
  • Las armas biológicas además implican el riesgo de transmisión de personas afectadas a sanas, lo que no acontece con las químicas.

Las ADM y el TERRORISMO :

La hipótesis de la utilización de ADM por parte del Terrorismo y/o del Crimen Organizado no sería novedosa, ya que habría comenzado a evaluarse sobre fines de la Guerra Fría, a partir de ciertos aconte-cimientos.

Entre ellos, la incautación en los albores de la década de los ochenta, de planos de los depósitos de armas nucleares norteamericanos en Europa, que habrían sido encontrados en posesión de la organización terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo (RAF), cuyos líderes admitieron que pensaban apropiarse de las mismas.

Por la misma época, se habría obtenido evidencia sobre el entrenamiento proporcionado por Alemania Oriental a terroristas palestinos, en materia de envenenamiento de fuentes de agua potable mediante armas biológicas. Pero esta preocupación se actualizó y tomó su actual dimensión, a partir de los hechos del 20 de marzo de 1995, cuando en sólo 4 minutos adherentes del culto Verdad Suprema, liberaron en el subterráneo de Tokio pequeñas cantidades del gas nervioso SARIN, arma química que dejó un saldo de 12 muertos y 5.500 afectados, algunos de ellos con lesiones permanentes de diversa gravedad.

En lo referente a la amenaza terrorista nuclear, si bien durante unos meses al comienzo de la implosión y atomización de la otrora URSS habrían desaparecido presuntamente unas cuantas armas nucleares tácticas, la mayor preocupación de los analistas internacionales se centraría, en la posibilidad de que algún grupo terrorista recurra al uso de una BOMBA SUCIA, es decir una poderosa bomba explosiva convencional aplicada por ejemplo a un reactor nuclear, cuya deflagración expandirá inevitablemente radiación, contaminando extensas zonas en derredor, al mejor estilo Chernovil.

Pero cuando se contempla la hipótesis de utilización de ADM por parte del terrorismo, cobran especial relevancia las armas químicas como las biológicas, ya que presentan evidentemente menores requerimientos en materia de componentes, especialización del personal y sofisticación de las instalaciones que las nucleares. Este peligro se agudiza por el aumento cuantitativo de individuos con aquilatada formación en bioquímica y biotecnología, hoy muchos de ellos desocupados y disponibles en el mercado al mejor postor.

Aun cuando en el mencionado atentado de Tokio se emplearon armas químicas, lo cierto es que los especialistas concentrarían su atención en las Armas Biológicas, que tendrían tres ventajas con respecto a las primeras :

  • Al contrario que en el caso de las Armas Químicas, los efectos de las Armas Biológicas no son inmediatos, lo que facilita su manipulación por parte de organizaciones incluso simplemente criminales que, pueden abandonar el área de un atentado horas e incluso días antes de la manifestación de la agresión (ya que se la detecta sólo al término de un período de incubación).
  • Las Armas Biológicas demandan infraestructura y escalas de producción, menores a las armas químicas.
  • Las armas químicas tienen –en general- menor alcance que las biológicas.

Frente a estas ventajas de las Armas Biológicas sobre las Armas Químicas, también existen desventajas de las primeras sobre las segundas. Zachary Selden, en un informe elaborado para empresarios estadounidenses, nucleados en el grupo Ejecutivos de Negocios para la Seguridad Nacional (BENS) habría destacado dos desventajas :

  • Mientras las víctimas de un arma química deben ser atendidas en un lapso de minutos u horas, las víctimas de un arma biológica pueden ser tratadas en un período que puede llegar a durar días y ser salvadas.
  • Las armas biológicas, al estar compuestas por organismos vivos, son sensibles a factores tales como la luz, la temperatura o la polución ambiental, que pueden reducir notablemente su efectividad. La solución, es la aplicación de una técnica especial llamada de microencapsulamiento, pero esta si demanda altos conocimientos y equipamiento especializado.

No obstante ello las ARMAS BIOLOGICAS seguirían concentrando la mayor de las preocupaciones.

Pero en la actualidad, el temor de no pocos expertos y analistas, se centraría en la ausencia de normativas que obliguen a los poseedores y/o depositarios de cepas altamente peligrosas (como laboratorios y ciertos hospitales de infecciosos) a implementar severas medidas de seguridad y vigilancia, incluyendo instalaciones adecuadas contra la irrupción de delincuentes o potenciales terroristas. Dado que elementos decididos con apoyo local, bien podrían hoy por hoy ingresar subrepticiamente en más de un laboratorio y apropiarse de frascos con cepas madre que suelen utilizarse para la fabricación de vacunas, pero que en su estado virgen constituyen perfectas armas biológicas al alcance de cualquiera. Vulnerabilidad que no se encontraría exclusivamente presente solo en la Argentina sino en casi toda la región sudamericana.

El clima de inseguridad en la misma es preocupante y no se debería descartar cualquier hipótesis (sin por ello caer en extremos ni paranoias), por lo cual sería aconsejable que tanto los lugares donde se almacenan cepas, o bien agua potable para abastecer a una población, sean debidamente protegidas preventivamente contra eventuales ataques, a fin de evitar una catástrofe ulterior.

En el mismo orden, si bien Sudamérica no habría alcanzado la informatización y automatización de sus servicios como los países centrales, no debería ignorarse que en algunas ciudades la distribución de la energía, del agua y del gas, por ejemplo, se comandan desde un cierto número de computadores híbridos, los que potencialmente podrían ser saboteados con virus informático. Imaginemos por un momento, qué pasaría si una cuarta parte de la Ciudad de Buenos Aires se viera forzada a permanecer sin luz durante una semana solamente. Probablemente el caos reinaría por doquier, más allá de las fuerzas del orden que se desplegaran y provocaría posiblemente cuantiosas víctimas no deseadas.

En síntesis, al entender del suscripto, no basta con adherir a Regímenes regulatorios y de control sobre ADM, el campo de las Tecnologías Sensitivas es mucho más abarcativo y encierra muchas vulnerabilidades en especial en Sudamérica, cuyo perjuicio si no las protegemos y controlamos efectivamente, lo padeceremos todos en la región. Pues sus consecuencias no conocen de fronteras políticas ni geográficas.

Si bien también es cierto, que no se puede ni debemos tender a vivir en estados policiales, avasallando los derechos ciudadanos. Habría que encontrar el punto justo de equilibrio, que permita adoptar las medidas apropiadas para preservar la Democracia y a los ciudadanos que deseamos vivir segura y dignamente, bajo su régimen.

 


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