NEWSLETTER Nº 6

Aduana "No mercaderías"
Entender para no justificar

Prof. Carlos H. Milsztain

1 – Introducción a la problemática de las “NO MERCADERIAS”
¿Podemos pensar en una salida, sin analizar el contexto que nos rodea?
Pretender planificar y consensuar en lo macro, sólo permitirá logros efectistas y de corta duración. Durante la década “noventista” y algo más, Argentina por ejemplo, definió alianzas basadas en meros criterios economicistas, sin medir las consecuencias sociales negativas, ni la magnitud de sus impactos.

Así nos abrimos a un MERCOSUR que en principio pretendió eliminar barreras aduaneras, para luego desdibujar las fronteras de contención del ciudadano. Así nos abrimos a un mercado internacional -convertibilidad mediante- alentando una economía de "libre comercio" desdibujando las barreras aduaneras, para luego destrozar las leyes marco que regulaban el comercio exterior en nuestro país.

Al amparo de esta paulatina destrucción de los controles estatales (no sólo aduaneros) se fueron arraigando verdaderas organizaciones que comenzaron a operar en la franja marginal del comercio exterior, importando bienes que podrían definirse como "no-mercaderías"; considerando bajo este concepto a aquellas que imitando la morfología de un producto utilizable, se tornan verdaderamente inútiles al momento de su empleo por no reunir las condiciones básicas de fabricación ni composición, tal que les permitan cumplir las prestaciones que ngañosamente publicitan.

En esta categoría de importaciones, se pueden incluir desde las pilas generalmente de origen asiático, hasta el sin número de productos que circulan por Sudamérica con marcas falsificadas o con signos o símbolos que inducen a error o a engaño a los consumidores. Todo esto, bajo una metodología que induce también a colegir la presencia del delito de estafa que si bien tiene su génesis en el fabricante extranjero, sus efectos se evidencian en la plaza nacional. Al amparo de este tipo de comercio, que mueve internacionalmente la friolera de más de 400.000 millones de dólares / año, la evasión aduanera se asocia con una evasión impositiva y previsional en toda la cadena de comercialización, por ser ésta canalizada por un comercio informal del tipo ambulante, y con la contratación -en la mayoría de los casos- de inmigrantes ilegales para su venta.

El hombre a lo largo de su vida se va forjando carácter y personalidad influido
por marcas que pueden ser tanto emocionales como físicas, que lo distinguen haciéndolo único e irrepetible. En consecuencia y como devenir previsible va socializándose con seres afines e integrando o tratando de integrar grupos continentes.
Pero ¿qué sucede cuando la pretensión excede las posibilidades adquiridas en base a sus habilidades contraídas? El hombre entra en conflicto y su resolución puede llegar a ser raumática.

Los medios de comunicación en su prédica constante, van induciendo al consumo de determinados bienes condicionando o pretendiendo hacerlo, en un sentido de éxito asociado con las marcas. Pretendiendo identificar al usuario de “tales productos de cuáles marcas”, con el triunfo asegurado cualquiera sea el aspecto en que se conciba su utilización, por lo que el círculo áulico se va delineando y “sólo triunfarían aquellos que lo integren”. Puede entonces imponerse la moda asociándose ya este concepto con el diseño que lleva al uniforme identificatorio del ejército de los ganadores. Ejército al que una gran mayoría querrá enrolarse en virtud del final fantasiosamente previsible por el anticipo explícito.

Entonces deja ya de contar la posibilidad concreta desde lo económico, de acceder a la carrera por adquirir esa identidad que le permita al hombre no sentirse discriminado. Dándose esto en un mercado dónde la marca o el logo pasa a ser determinante en la elección del producto para una gran franja de consumidores que pretenden idealmente acercarse a lo gratificante de lucir, más allá de la genuinidad del prestigio que pretenden ostentar.

Esta debilidad del género humano ha sido captada ya desde hace largo tiempo por franjas marginales del comercio, pero la corriente globalizadora, con la creación de las grandes brechas que se evidencian hoy en nuestras sociedades, sin duda ha influido en el auge de la falsificación en todos sus aspectos. La falta de proyectos de vida, el incremento de la desocupación, la generación de trabajos basura con salarios paupérrimos, el descrédito hacia las instituciones sociales, el aumento de consumo del binomio fatídico droga-alcohol, la violencia implícita que el conjunto de retrocesos implica se ha ido asociando con una informalidad rayana en algunos casos con la anarquía que nace de una rebeldía que a su vez realimenta a la informalidad; permitiendo entonces que el globo crezca, se haga visible e inmanente al medio que lo alimenta. Así su presencia en lo cotidiano va acostumbrándonos a convivir con él y cuando nos queremos dar cuenta, ya la vergüenza no nos permite levantar la vista, porque la costumbre – esa perversa maestra de escuela – nos ha inculcado día a día sobre estas anormalidades que por repetitivas y cotidianas pasaron ya a ser normales, y como tal toleradas y hasta aceptadas como dogmas que llegan a ser justificativos de su persistencia.

El fenómeno marcario no es ya alusivo al producto que identifica, sino que se ha transformado en creador de estilos, formas de vida, de culturas, de educación dentro de los cánones que proponen. Y de poder, dentro de ciertas estructuras de los estados a las que subyuga mediante patrocinios en los que lo patrocinado queda detrás del patrocinante, transformando un acto cultural en un objeto al servicio de una marca; derivando la atención del consumidor a una asociación subliminal por la que por la marca, accede a ese mundo virtual que el evento le permite vivir.

Es harto evidente que este poder que ejercen las marcas sobre las sociedades, se traduce luego en grandes beneficios económicos para sus creadores, dueños, tenedores, licenciatarios, fabricantes, pero también -y como no puede entonces faltar- para aquellos otros que encaramándose a la ola de éxito comienzan a falsificar o a fabricar modelos casi idénticos, con marcas parecidas o de difícil distingo del original, induciendo a error al consumidor.

Y esto lo vemos crecer, y muchos consumidores aún conociendo el origen falso de los productos se asocian en el fraude sin siquiera analizar que ese mismo producto que adquieren con un logo o marca de origen espuria sería más barato aún, si no lo tuviese. Es cierto que costará menos que el original, pero no es menos cierto que los riesgos implícitos en su comercialización al amparo de una actividad penada por ley, encarece al objeto de tal forma que permita así prevenir y paliar otros costos eventuales que tendrá que afrontar la organización falsificadora para la seguridad de la continuidad de su comercio.

La falta de regulación común al respecto, fue durante muchos años una vía expedita para la consolidación de una cultura informal donde los usuarios de falsificaciones se transformaron inconscientemente en encubridores del delito, alentados por un consumismo perverso imposible de justificarse por la necesidad. La falta de educación sobre el tema seguirá siendo una de las causas que nos acerquen cada vez con más vértigo a la verdadera consolidación de una unión sudamericana, pero en un espiral descendente y hacia su costado negativo, ya que la falsificación es una –y sólo una- de las vías de financiamiento del terrorismo internacional y del lavado de activos procedentes del narcotráfico.

2 – Tráficos ilícitos de Residuos Peligrosos


Sucede además que a partir del embate de las corrientes globalizantes, las desregulaciones económicas, implementadas en Sudamérica (en la República
Argentina por imperio del Dto. 2284/91), un significativo giro ha tomado tanto la ruta del ilícito aduanero como la de los actores involucrados.

El levantamiento de las barreras aduaneras, sin un marco de control inteligentemente diagramado, trajo como consecuencia más inmediata la contaminación de los Registros de Importadores / Exportadores facilitando la inscripción de empresas sin mayores recaudos, las que en un rápido accionar
comenzaron a trabajar en la franja marginal del comercio exterior, respondiendo a corrientes internacionales del ilícito que entonces, sin mayores trabas de control ni cambiarias, comenzaron a operar en razón de la oferta-demanda-oportunidad, desplazándose por las distintas aduanas sudamericanas como así también a moverse con sumas facilidades por las aduanas interiores de los propios estados.

Corrientes internacionales de productos peligrosos comenzaron a iterarse desde los países en desarrollo – principales generadores de residuos peligrosos – hacia el Hemisferio Sur de la mano de organizaciones dedicadas al ilícito a nivel transnacional, a partir de las regulaciones y prohibiciones impuestas por el Convenio de Basilea (regulador de este tráfico) toda ve z que la disposición final de estos desechos comenzó también a encarecerse por las regulaciones internas de los países generadores a efectos de evitar mayores contaminaciones de sus propios recursos. Esta nueva variable no deseada por algunas industrias extranjeras, movilizó a traficantes a ofrecer servicios cobrando importantes cánones por tonelada, para el retiro y disposición final buscando otros horizontes para esa basura, en muchos casos tentando a autoridades de países en desarrollo, mientras que en otros eligiendo países carentes de legislación prohibitiva.

Así la República Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Brasil, y muchas otras naciones sudamericanas se vieron invadidas con intentos logrados en múltiples oportunidades, por importaciones de residuos peligrosos, disfrazadas de un sinnúmero de eufemismos que trataban de enmascarar tamaña peligrosidad, bajo carátulas que abarcaron desde materias “primas secundarias” hasta “ayuda humanitaria”, sin dejar de tener en cuenta a otros bienes tecnológicos mecánicos o electrónicos, que por obsolescencia o mal funcionamiento, fueron y son producto de descarte en naciones altamente industrializadas incrementando ostensiblemente los volúmenes de residuos traficados. (p/ej. Neumáticos usados, vehículos usados y sus partes, motos usadas, computación usada, telefonía celular usada, fotocopiadoras usadas, etc.).

La Aduana Argentina supo detectar esta corriente prácticamente desde sus inicios, generando en el año 1992 todo el marco de legislación prohibitiva, hasta llegar en 1994 a incluir estos conceptos sanitarios y ambientalistas en el Art. 41 de la Constitución Nacional.

En su accionar en tal sentido han sido hasta la fecha, detectados y abortados -en muchos casos en viaje desde el exterior o antes de su remisión hacia nuestro país- más de 5.500.000 TONELADAS de residuos de la más variada peligrosidad que buscaban su destino final en nuestras latitudes. Cabe agregar que muchas de estas corrientes han sido detectadas provenientes de Zonas Francas, desde las que ciertos operadores suelen actuar. El ilícito mediante esta modalidad suele ser aprovechado además, para el blanqueo de capitales de diversos orígenes bajo el manto de mercaderías disfrazadas, al amparo de tantos y variados eufemismos que utilizan para su tráfico.

Huelga hacer más comentarios acerca del daño sanitario que este tipo de ilícito conlleva. Daños sanitarios que causan además serios perjuicios económicos a las comunidades que con el tiempo, luego de haber sido receptoras, se ven en la
necesidad de intentar remediarlos utilizando ya los recursos públicos y en forma tardía por lo extemporáneo de las acciones, cuando las pestes están diezmando ya a sus sociedades.

3 - Conclusión


Asistimos también sin lugar a mayores dudas, a un cambio radical en lo que hace a ciertas operaciones de comercio exterior, siendo que en muchos casos ya las mercaderías se han tornado en NO-MERCADERIAS por el complicado hecho que éstas carecen en sí mismas de entidad comercial, transformándose en meros vectores que pretenden justificar movimientos de grandes masas de dinero. Los productos así mercadeados hasta pueden ser objeto de descarte posterior, sin mellar significativamente el rédito económico de las operaciones, toda vez que el fin último fue logrado: girar las divisas al amparo de una seudo importación, o ingresarlas mediante una fingida exportación. De tal forma el colocarla en un mercado, pasa a ser solamente una posibilidad de mejorar el negocio optimizándolo de tal modo con otras ganancias pretendidas, pero no indispensables para las estructuras del ilícito.

Entonces, al mencionar que las organizaciones actúan en función de la oferta-demanda- oportunidad, movilizándose por aquellas aduanas más permeables, también debemos entender que el contrabando en todas sus variantes posibles, hoy ya no es solamente aprovechado por comerciantes tradicionales que pretenden sacar ventajas a través del ilícito para mejorar sus finanzas. Hoy el complejo mundo del contrabando se ve poblado además por verdaderas sociedades fantasmas que se instalan y desinstalan con suma rapidez, y que en gran medida son pantallas del narcotráfico y del terrorismo en todas sus concepciones y que suelen financiarse mediante estas maniobras.

Con un único fin de conseguir dinero para llevar a cabo sus cometidos, alternan en sus tráficos ilícitos, con lo que sea negocio en el momento oportuno, recorriendo así la gama comercializable de los estupefacientes o las armas, o aquella otra de distinta entidad pero también sumamente lucrativa como lo es la de los residuos peligrosos o – con menores riesgos legales en Sudamérica- el tráfico de mercaderías falsificadas, incluyendo aquellas que inducen a error o engaño a los consumidores. Al aliento del facilismo que puedan encontrar van enquistándose en las naciones, cimentando su fuerza en sus propias economías florecientes que les permiten dilapidar lo suficiente como para comprar ciertas voluntades de inescrupulosos funcionarios.

Ya con la plataforma lo sobradamente sustentada en la instalación además de modalidades delictivas que se manifiestan en lo cotidiano, siguen creciendo al amparo de los usos y costumbres que llevan al grueso de las sociedades a tolerar y casi justificar estos delitos, influyendo a veces con verdaderas campañas de prensa, que más que denunciar suelen apologizar de la mano del intelecto de ciertos medios interesados.

La paulatina destrucción social, sanitaria y económica, recién se pone de manifiesto a la azorada sensibilidad de sus verdaderas víctimas, cuando el entramado social se ha visto destruido, y la anarquía amenaza las estructuras democráticas, en razón de la creciente pobreza, desocupación y violencia. Todo esto –reitero- signado por el fatídico matrimonio droga+alcohol que suele tentar a los desahuciados que se sienten caminar hacia un no-futuro.

Se torna evidente que ante estos flagelos que hoy signan a nuestro planeta, con mayor incidencia social-destructiva en nuestros países en desarrollo, las aduanas no pueden permanecer ajenas en la lucha contra el ilícito en todas sus variantes. El panorama sudamericano, desgraciadamente rico en conflictos sociales, económicos y políticos, influenciados en gran medida por el accionar de muchos movimientos que enmascaran sus móviles espurios en proclamas referidas a luchas reivindicatorias, se presenta verdaderamente complicado de no asumir las organizaciones aduaneras en su conjunto, un común accionar frente al azote.

Durante estos últimos años, el llamado Plan Colombia, si bien ha producido un verdadero endurecimiento de las autoridades colombianas asistidas por gobiernos extranjeros, frente a la detección y aborto de exportaciones de estupefacientes y lavado de dinero, no es menos cierto que ha producido un verdadero “efecto globo”, al presionar en los puertos y aeropuertos colombianos, desplazando la masa del delito hacia otras latitudes para encontrar fronteras más permeables y menos controladas desde donde exportar la droga hacia el Norte o hacia Europa. Estos desplazamientos del tráfico han ido generando “derrames” de estupefacientes en las naciones afectadas transformando en países de consumo, a los que antes eran de tránsito. Esta variación de la escala comercial, ha producido la instalación ya de los cárteles en forma orgánica, con todas las derivaciones comerciales que este tipo de delito requiere para su consolidación.

Y desde luego, no están ajenos como ya fuera expresado, las células de extremismo ideológico o religioso, que rayanas con el fundamentalismo encuentran en estos tráficos, el alimento necesario para enriquecer sus arcas, destinando gran parte del producido a la ingeniería de la logística y estrategia de sus atentados.

Lo hasta aquí planteado sería sólo la introducción de una problemática de mucha mayor complejidad, que merece ser tratada en forma multidisciplinaria y con la transversalidad necesaria como para que todas las organizaciones estatales involucradas, puedan aportar sus esfuerzos frente a problemas ya estratégicas para las naciones. Pero aún tratándose de problemas abordables desde distintas ópticas preventivas y represivas, el rol de las aduanas como primera barrera en la trinchera de contención, resulta ineludible.

El precio de la inacción es prohibitivo, cuando los males a prevenir son del tipo irreversible.

Carlos Milsztain




     




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